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lunes, 19 de abril de 2010

Antídoto.

El día que descubrí que no me esperabas en el infierno mi corazón dio un vuelco. Así que al final nada de llamas alrededor. Todo está cercado con una valla blanca y tu calavera ha dejado de ser polvo y se ha rodeado de rosales que apuesto a que florecen durante todo el año. Tus brazos ya no están morados y la opción de standby se ha perdido entre la lluvia, que ya nunca es ácida. Ya nunca te duele nada, puede que algún día llegue a alegrarme realmente de que hayas encontrado el antídoto para que todo ese veneno que tenías dentro dejase de hacer su efecto.



*Pálido. Christina Rosenvinge.

sábado, 6 de febrero de 2010

Huesos.

Quizás vivir cada vez más deprisa inevitablemente te lleva a un punto de no retorno, te estancas en un estado de catatonia en el que el mundo pasa por delante de tus ojos y no puedes reaccionar. Hasta que sales de él, a fuerza de recuerdos que nunca pensabas que iban a ser simplemente recuerdos. Se trata del momento en el que el presente se convierte en pasado y tu realidad se difumina convirtiendose en una lista de recuerdos que en mi caso caben en una caja. En una caja que marca un antes y un después. En ella podría meter directamente sus huesos, pero siempre queda menos tétrico guardar cartas y demás.
Muchas veces he pensado en cómo cada una de las células de su cuerpo dejaban de recibir oxígeno y su páncreas se deboraba a sí mismo. De nuevo suena a cuento de terror, pero me hubiera gustado tenerlo en una urna transparente y observar cómo iba desapareciendo. Supongo que se podría considerar algún tipo de necrofilia romántica, apuesto a que mi corazón hubiera seguido latiendo igual de fuerte viendo cómo desaparecía su expresión.





*The great pretender. The Platters.