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martes, 23 de agosto de 2011

Sopa gris.

Finalmente el verano ha tenido mucho que ver con gatos, con sorber sesos, con la dificultad para dormir que aumenta, con conciertos que son pero no son, con plasma sanguíneo, con alegrarse de no poseer un Colt calibre 38 y con Murakami, que me cuenta esto y yo asiento:

Me imaginé a los gatos encerrados en el piso, medio muertos de hambre. Aquellos blandos, pequeños carnívoros. Yo - mi yo real - estaba muerto, ellos estaban vivos. Vi como devoraban mi carne, roían mi corazón, chupaban mi sangre. Aguzando el oído podía sentir cómo, en algún lugar remoto, los gatos sorbían mis sesos. Tres gatos de movimientos flexibles rodeaban mi cráneo partido y chupaban la densa sopa gris que contenía. Sus lenguas rojas y ásperas lamían con deleite cada pliegue de mi conciencia. Y a cada lametón, mi mente vacilaba y se iba diluyendo como la neblina. De Sputnik, mi amor.

jueves, 14 de abril de 2011

Sobre los caballos que morían en sus establos.

* -Lo leí hace poco en el periódico. Te lo quería contar pero se me olvidó. Lo explicaba un veterinario en una entrevista: el caballo, tanto física como psicológicamente, es de lo más sensible a la influencia de la luna. Conforme se va acercando la luna llena, se vuelve terriblemente irritable y también tiene problemas físicos. Las noches de luna llena, muchos enferman y aumenta de manera extraordinaria el número de caballos que muere. Nadie sabe a ciencia cierta por qué sucede, pero es una realidad estadística. Este veterinario, especializado en caballos, decía que las noches de luna llena está tan ocupado que apenas puede dormir.
- Caramba -dijo mi mujer.
- Peor aún es el eclipse solar. Los días que hay un eclipse solar, la situación de los caballos es todavía más trágica. No puedes imaginarte el número de caballos que puede llegar a morir un día de eclipse total de sol. Lo que quería decirte es que en este mismo instante, en algún lugar de la tierra, hay caballos que mueren, uno tras otro. Comparado con esto, que tú te metas con alguien no tiene ninguna importancia. Intenta imaginarte los caballos muriendo. Imagínatelos una noche de luna llena, tumbados sobre la paja de sus establos, echando espumarajos blancos por la boca, jadeando agónicamente.


*De Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, de Haruki Murakami.


En realidad sé que es una tontería, ocurren cosas mucho peores en el mundo a las que poder recurrir sin irse a algo tan rebuscado, pero por alguna razón, desde que leí esto se me vienen imágenes de caballos moribundos a la mente cuando menos me lo espero y me parece algo tan triste que me dan escalofríos.